No compres una tele 3D

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Hace unos días escribí sobre las ventajas comparativas entre ebooks y tablets. Hoy quiero hacer algo parecido en otro rubro sobre el que me preguntan mucho: televisores 3D. Y mi respuesta es simple: no te conviene comprar una tele 3D (con una única excepción que voy a hacer al final).

En lo personal, no soy un amante del 3D, ni en la tele ni en el cine. Pero más allá de mi gusto personal, mi motivo para no recomendar esta tecnología es frío y objetivo: la televisión 3D es ridículamente cara.

Vamos a trabajar con un caso hipotético. Supongamos que yo quisiera cambiar mi televisor actual por un LED TV de 40″ (el tamaño es arbitrario, pero lo elegí por ser uno de los más vendidos). Buscando en las principales casas de electrónicos de Buenos Aires encuentro estos precios:
3dvs2dEl televisor de la izquierda cuesta $12.499 y es un Smart TV 3D. El de la derecha no es Smart TV ni 3D, y cuesta $7899. Una diferencia de $4600, para pantallas del mismo tamaño y la misma marca. Si bien voy a hacer la comparación entre estos dos modelos, también hay un modelo entre ambos que es Smart pero no 3D y cuesta $9.599.

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Todo alumno debería aprender cine en la escuela.

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Cámara de cine

Hoy por hoy, la idea de que el cine es arte no genera controversia. Tal vez lo hacía cuando una camada de jóvenes críticos como Jean Luc Godard, Francois Truffaut y Claude Chabrol defendían esa idea en Cahiers du Cinema en la década de 1950, pero hace rato que nos convencieron a todos. Igualmente sorprendente es que, teniendo en cuenta cuanto consenso hay sobre el cine como arte, haya TANTO analfabetismo audiovisual en nuestra sociedad.

Vivimos en una sociedad cada vez más audiovisual. Un camino que se inició con el cine hace un poco más de un siglo, siguió con la televisión unas décadas más tarde, y hoy está por todos lados: Internet, celulares, ¡hasta los carteles en la vía pública! Y si bien todos entendemos el mensaje que nos transmiten esos medios, muchas veces no terminamos de entender cómo funcionan como herramientas de comunicación, y de qué manera esos mensajes nos manipulan sin que nos demos cuenta. El audiovisual es un lenguaje, al igual que el hablado o el escrito. ¿Por qué no consideramos que aprender a leer un video es tan importante como aprender a leer un texto escrito?

Y aún limitándonos a la esfera artística, la historia del cine merece ser estudiada. Al fin y al cabo, si todos estamos de acuerdo en que el cine es arte, ¿es tanto más grave terminar el secundario sin leer el Martín Fierro que terminarlo sin haber visto Citizen Kane? ¿No es tan importante poder apreciar Casablanca, El Padrino o La Ventana Indiscreta como una sinfonía de Beethoven? ¿No corresponde elevar al panteón de grandes artistas a Federico Fellini, Martin Scorcese o Steven Spielberg junto con Rembrandt, Boticelli, Van Gogh o Matisse?

Celular con Cámara
Fuente: Petar Milošević para Wikimedia Commons

Incluso más allá de aprender historia y teoría del cine, toda escuela tendría que enseñar a sus alumnos a producir su propio material audiovisual. Tal vez hace unas décadas, era impensable: producir era CARÍSIMO. Pero hoy en nuestro país hay más celulares que personas, aún entre los alumnos más pobres sería raro que no haya por lo menos un teléfono con cámara de video cada 10 alumnos. ¡Indiscutiblemente es más barato aprender a filmar que a tocar un instrumento musical!

Es verdad que de todos los estudiantes muy pocos alguna vez se dedicarán profesionalmente al cine o la televisión (lo mismo podríamos decir de casi cualquier materia). Pero… ¿Cuántos de ellos subirán un video a YouTube para compartir con amigos y familia? ¿Cuántos participarán de una entrevista laboral por video, o elaborarán un currículum en el mismo formato? ¿Cuantos registrarán un hecho que pasa en la calle? ¿Cuántos filmarán sus vacaciones? ¡Pensemos en la cantidad de parientes a los que salvaríamos de soportar filmaciones ETERNAS como las que hacía mi viejo de nuestros viajes al Sur durante mi infancia! En la medida que se democratiza el acceso al lenguaje audiovisual, sus usos aún fuera del ámbito laboral son ilimitados.

Tanto para la vida personal como para la educación de consumidores y ciudadanos e incluso como conocimiento puramente artístico, no hay buenos motivos para que no haya educación audiovisual en todas las escuelas. Como mínimo, la próxima generación de videos de gatos en YouTube tendrá un nivel estético digno de Hollywood. ¡No está mal para empezar!

Foto de cabecera: Mark Lewis para Wikipedia Commons

¿Tablet o Ebook? ¿Qué me conviene?

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Parecería ser que una de mis funciones en la vida es ser un referente en cuestiones tecnológicas (¡Que uno sea un vikingo no quiere decir que sea primitivo o iletrado!). Es muy común que amigos o allegados me pregunten qué les conviene comprar. Una de las preguntas clásicas es esta: ¿Para leer libros electrónicos, me conviene comprar una tablet o un ebook? Y la respuesta puede ser compleja y depende de cada uno.

Tablet vs. Ebook

Tanto tabletas como libros electrónicos son dispositivos fundamentalmente de consumo. O sea, los usamos para leer cosas que otros producen, a diferencia de una PC que suele ser una herramienta de productividad. Con pocas excepciones, nadie los compra para fines creativos. La principal diferencia es que uno es una herramienta especializada, mientras que el otro es una herramienta multiuso.

Ebooks: la especialización al poder

Kindle de Amazon
Kindle de Amazon
Fuente: Wikimedia Commons

Los lectores de libros electrónicos son un dispositivo especializado: lo único que hacen bien es mostrar texto en una pantalla. La principal diferencia que tienen con otros dispositivos es su pantalla de tinta electrónica. La tinta electrónica es un desarrollo que permite tener una pantalla que imita las cualidades físicas del papel impreso: mejor contraste, menos reflejo, menos cansancio visual. Y a eso se le suma la GRAN ventaja de consumir menos electricidad, lo que permite a los Ebooks conservar su carga durante más tiempo. Para leer documentos que sean mayoritariamente texto, es difícil ganarle a un libro electrónico.

Los ebooks pierden terreno a la hora de mostrar imágenes. Se PUEDEN ver imagenes en un ebook, pero sólo en blanco y negro. Para leer una novela, un ensayo o artículos periodísticos, cumple su función perfectamente. La cosa se complica a la hora de leer libros de fotografía color, cine, comics, y publicaciones con diseños menos convencionales.

Tablet, el dispositivo de los mil usos

Tablet
Fuente: Wikimedia Commons

Mucha gente comete el error de ver una tablet como una laptop de pantalla táctil sin teclado. En realidad, sería más lógico pensarlas como smartphones de pantalla grande. La mayoría de las tablets usan sistemas operativos móviles (iOS y Android), y la pantalla táctil es el mecanismo de entrada más común en los teléfonos inteligentes. La gran ventaja de las tablets es que pueden hacer MUCHAS cosas además de leer libros: navegar en internet, acceder a redes sociales, mirar videos, jugar juegos… Indudablemente la principal virtud de una tableta es la versatilidad.

Algo para destacar en relación a los ebooks es la pantalla color de las tablets. Para leer libros de fotografía, arte, comics o diseño, la tablet se impone frente a los lectores de tinta electrónica.

Conclusión ¿Cuál es mejor?

Sabiendo todo esto ¿Cuál comprar? Eso depende mucho de cada uno. Por ejemplo, de qué clase de contenidos queremos consumir. Un lector fanático de comics probablemente preferirá una tablet (aunque un lector de manga, que suele ser en blanco y negro, probablemente podría usar un ebook sin problemas). Pero también hay otros factores a tener en cuenta. Por ejemplo, alguien que tenga un smartphone de alta gama y pantalla grande probablemente esté menos interesado en tener una tablet, porque puede replicar la mayor parte de su funcionalidad con su teléfono. En última instancia, la decisión correcta dependerá de cada uno (en mi caso personal, mi tablet es mi mejor compañía en los viajes en tren entre el conurbano y el microcentro), pero espero que esta breve comparación los haya ayudado a decidir por su cuenta.