Todo alumno debería aprender cine en la escuela.

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Cámara de cine

Hoy por hoy, la idea de que el cine es arte no genera controversia. Tal vez lo hacía cuando una camada de jóvenes críticos como Jean Luc Godard, Francois Truffaut y Claude Chabrol defendían esa idea en Cahiers du Cinema en la década de 1950, pero hace rato que nos convencieron a todos. Igualmente sorprendente es que, teniendo en cuenta cuanto consenso hay sobre el cine como arte, haya TANTO analfabetismo audiovisual en nuestra sociedad.

Vivimos en una sociedad cada vez más audiovisual. Un camino que se inició con el cine hace un poco más de un siglo, siguió con la televisión unas décadas más tarde, y hoy está por todos lados: Internet, celulares, ¡hasta los carteles en la vía pública! Y si bien todos entendemos el mensaje que nos transmiten esos medios, muchas veces no terminamos de entender cómo funcionan como herramientas de comunicación, y de qué manera esos mensajes nos manipulan sin que nos demos cuenta. El audiovisual es un lenguaje, al igual que el hablado o el escrito. ¿Por qué no consideramos que aprender a leer un video es tan importante como aprender a leer un texto escrito?

Y aún limitándonos a la esfera artística, la historia del cine merece ser estudiada. Al fin y al cabo, si todos estamos de acuerdo en que el cine es arte, ¿es tanto más grave terminar el secundario sin leer el Martín Fierro que terminarlo sin haber visto Citizen Kane? ¿No es tan importante poder apreciar Casablanca, El Padrino o La Ventana Indiscreta como una sinfonía de Beethoven? ¿No corresponde elevar al panteón de grandes artistas a Federico Fellini, Martin Scorcese o Steven Spielberg junto con Rembrandt, Boticelli, Van Gogh o Matisse?

Celular con Cámara
Fuente: Petar Milošević para Wikimedia Commons

Incluso más allá de aprender historia y teoría del cine, toda escuela tendría que enseñar a sus alumnos a producir su propio material audiovisual. Tal vez hace unas décadas, era impensable: producir era CARÍSIMO. Pero hoy en nuestro país hay más celulares que personas, aún entre los alumnos más pobres sería raro que no haya por lo menos un teléfono con cámara de video cada 10 alumnos. ¡Indiscutiblemente es más barato aprender a filmar que a tocar un instrumento musical!

Es verdad que de todos los estudiantes muy pocos alguna vez se dedicarán profesionalmente al cine o la televisión (lo mismo podríamos decir de casi cualquier materia). Pero… ¿Cuántos de ellos subirán un video a YouTube para compartir con amigos y familia? ¿Cuántos participarán de una entrevista laboral por video, o elaborarán un currículum en el mismo formato? ¿Cuantos registrarán un hecho que pasa en la calle? ¿Cuántos filmarán sus vacaciones? ¡Pensemos en la cantidad de parientes a los que salvaríamos de soportar filmaciones ETERNAS como las que hacía mi viejo de nuestros viajes al Sur durante mi infancia! En la medida que se democratiza el acceso al lenguaje audiovisual, sus usos aún fuera del ámbito laboral son ilimitados.

Tanto para la vida personal como para la educación de consumidores y ciudadanos e incluso como conocimiento puramente artístico, no hay buenos motivos para que no haya educación audiovisual en todas las escuelas. Como mínimo, la próxima generación de videos de gatos en YouTube tendrá un nivel estético digno de Hollywood. ¡No está mal para empezar!

Foto de cabecera: Mark Lewis para Wikipedia Commons

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