Veganismo y mala ciencia

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Voy a tocar una fibra sensible, así que antes de empezar voy a decir algo: no odio a los veganos ni a los vegetarianos, y respeto (sin compartirla) la decisión de no comer carne o productos animales. Creo que hay motivos más que válidos para evitar y/o reducir el consumo de carne (de salud, morales, incluso ambientales). Pero me molesta mucho que mezclado entre esos motivos haya uno ridículo: la idea de que el ser humano es naturalmente herbívoro.

Uno pensaría que el simple hecho de que millones de personas comen carne (y que, en general, es considerada un manjar relativamente caro y deseable) bastaría para demostrar que el herbívorismo humano de natural no tiene nada. Al fin y al cabo, los gustos universales suelen ser resultado de una predisposición genética: estamos predispuestos a disfrutar de los dulces porque es una manera de identificar azúcares nutritivos altamente biodisponible, y en cambio muchas personas tienen que inicialmente “aprender” a disfrutar de comidas fermentadas como el queso o las bebidas alcohólicas porque el cuerpo humano las identifica como “podridas” (y lo están, sólo que de maneras controladas). Pero como eso aparentemente no basta, vamos a tirar abajo un par de mitos que difunden algunas fuentes:

1) “El ser humano no es un cazador”

Creo que es el que más me molesta, así que arranco por acá. Muchos veganos sostienen que el hombre primitivo no era capaz de cazar animales, y que en el mejor de los casos podía ser un omnívoro a través del consumo de carroña, apropiándose de carne abandonada por otros depredadores. Bueno, veamos qué nos dicen nuestros antepasados al respecto:

Pinturas rupestres de las cuevas de LascauxEstas son pinturas rupestres de las paredes de las cuevas de Lascaux, Francia. Se estima que datan de unos 17.300 años atrás, firmemente en el paleolítico, miles de años del desarrollo de la agricultura y el pastoreo. Es una de las representaciones más claras de la caza en el arte rupestre. Lo más interesante es que estos humanos paleolíticos están usando arcos y flechas, uno de los sistemas de armas más universales de la historia humana. Los primeros restos de arcos y flechas encotnrados tienen cerca de 64.000 años. Casi todos los grupos humanos desarrollaron esta tecnología: los pueblos africanos, los nativos de América del Norte, las culturas europeas, los nómades ecuestres del Asia central… incluso pueblos aislados hasta recientemente (¡o incluso hoy en día!) poseían arcos y flechas pese no tener contacto con el resto de la humanidad por miles de años: pueblos no contactados del Amazonas, los Selknam de Tierra del Fuego e incluso los habitantes de la isla Sentinel en el Oceano Índico que llegaron a repeler helicópteros a flechazos en tiempos recientes.

Así que podemos decir que donde hubo seres humanos, muy probablemente haya habido arcos y flechas, y muy probablemente con el objetivo de cazar animales. Pero ni siquiera hace falta esperar a la invención del arco para que el ser humano sea capaz de cazar por su cuenta, hay armas incluso más simples que el arco y que son enormemente efectivas para cazar: lanzas, hondas, boleadoras, incluso simples piedras tiradas con la mano pueden servir para cazar aves. Incluso sin ninguna tecnología es muy fácil hasta para un niño recolectar almejas, berberechos, mejillones y hasta cangrejos, o robar huevos o crías del nido de un pájaro. Y probablemente nuestros antepasados tuvieran menos aprensión a la hora de alimentarse de insectos y otros invertebrados terrestres. Y esto es sin contar la posibilidad de caza por persistencia o de emboscadas, en las que hasta un ser humano desarmado (o muchos, actuando de manera coordindada) podría reducir a muchos herbívoros.

Zorro Fueguino
“Cacé” este zorro en el Parque Nacional Tierra del Fuego

Aún en el día de hoy muchos sentimos la llamada de nuestro instinto cazador sin que sea estrictamente necesario para nuestra subsistencia. Y no se limita a quienes cazan o pescan por deporte: yo no practico ninguna de las dos cosas, pero entreno en tiro con arco varias veces por semana y en las vacaciones “cazo” con mi cámara de fotos. Que mi primer impulso cuando veo un animal no sea pegarle un tiro no quiere decir que no esté de alguna manera cazándolo.

2) “No somos biológicamente carnívoros”
Águila, Lobo, León, Humano
Águila, Lobo, León, Humano

Fuera del argumento de la plausibilidad, está el de la determinación biológica. En general la mayoría de los argumentos son comparaciones anatómicas sesgadas entre el homo sapiens y otras especies. Antes de comparar algunas variables del sistema digestivo, primero quiero analizar una más obvia y observable a simple vista: los ojos.

Los seres humanos tenemos los ojos en frente de nuestra cara. Eso nos permite tener visión binocular: al superponer los campos visuales de nuestros respectivos ojos podemos, por ejemplo, calcular distancias. Esto es algo típico de depredadores, porque es una habilidad MUY práctica a la hora de cazar. Además de la comparación de acá a la izquierda, tenemos al zorro fueguino que publiqué en el apartado anterior.

herbívoros
Vaca, Elefante, Loro, Conejo

La mayoría de los herbívoros, en cambio, tienen los ojos sobre los costados de la cara. Esto les permite ampliar su ángulo de visión, a expensas de perder visión binocular en el centro del campo visual. De esta manera pueden detectar depredadores u otras amenazas que los acechen por los laterales.

 

 

 

3) “Nuestros dientes son típicos de herbívoros”

La cantinela sigue por acá. La idea es que nuestra boca tiene más en común con la de animales herbívoros que con carnívoros. La verdad es que ni una cosa ni la otra porque aún dentro de esos grupos hay ENORMES diferencias. Los elefantes tienen grandes incisivos (los mal llamados “colmillos”) que usan para defenderse y poderosos molares para triturar hojas. Los conejos y roedores se destacan por sus grandes incisivos. Entre los mamíferos carnívoros pasa lo mismo: no tiene sentido comparar los dientes de un león con los de un oso hormiguero (¡que no tiene!), aún cuando ambos sean carnívoros.

Otros argumentos similares tienen que ver con la potencia de la mandíbula, o la forma de masticar. En este sentido SI la ventaja está a favor del omnivorismo humano: nuestra mandíbula puede moverse tanto lateral como verticalmente, pero el movimiento vertical es el claramente dominante. Esto es típico de carnívoros. Los herbívoros tienden a triturar materia vegetal entre sus molares con movimientos laterales. En lo personal, nunca vi un ser humano masticando una ensalada con este movimiento:

4) “Nuestro sistema digestivo es herbívoro”

Otro argumento similar a los anteriores tiene que ver con que nuestro sistema digestivo es más similar al de herbívoros que al de carnívoros. Esto es fácilmente rebatible. Para empezar, lo que tienen en común los sistemas digestivos de mamíferos herbívoros es que tienen que tener un mecanismo para descomponer la celulosa, un azúcar (como la sacarosa, lactosa o fructosa) muy difícil de digerir que compone la pared celular de las células vegetales. Hay básicamente dos clases de mamíferos herbívoros: los rumiantes, que utilizan varias cavidades estomacales, y los monogástricos, que fermentan la materia vegetal en el ciego.

Los rumiantes como las vacas, los ciervos, los camellos y las jirafas tienen cuatro cavidades estomacales repletas de bacterias. El rumiante mastica la materia vegetal y al tragarla la envía a la primer cavidad, donde fermenta por la acción de las bacterias que actúan para descomponer la celulosa, antes de regurgitarla y volver a masticarla. Luego vuelve a tragarla, y el alimento sigue su curso. Los pseudorumiantes como los hipopótamos utilizan un mecanismo similar pero con tres cavidades.

Los herbívoros monogástricos como los caballos, rinocerontes y conejos tienen una sola cavidad estomacal. La fermentacion bacteriana de la celulosa se produce en el ciego, la primer parte del intestino grueso. Lo que suceda después depende de cada especie. Los caballos adquieren nutrientes a través de las paredes del intestino grueso. Los conejos hacen algo bastante asqueroso: después de fermentar la fibra indigerible en el ciego, expulsan el producto de la fermentación a través de su ano en forma de “cecotropos”. Y… se los vuelven a comer, ahora que la celulosa ya está convertida en sustancias digeribles. De alguna manera, es algo parecido a lo que hacen los rumiantes, sólo que por otro camino.

Los seres humanos claramente no tenemos múltiples estómagos. La cavidad que en grandes herbívoros es el ciego, en nosotros evolucionó en el apéndice, el órgano sin función conocida más que la de potencialmente infectarse y que puede extraerse sin la menor consecuencia negativa. La única ventaja biológica que tenemos a la hora de digerir alimentos de origen vegetal es que nuestra saliva contiene amilasa, una enzima que descompone azúcares… pero no celulosa, lo que nos impide alimentarnos mayormente de tallos y hojas con gran contenido de celulosa. Nuestro aparato digestivo tiene más en común con el de los carnívoros u omnívoros que con el de los mamíferos herbívoros.

5) “No podemos digerir carne correctamente”

Una mentira de grueso calibre. Por empezar, muchos grupos humanos históricamente han tenido dietas casi totalmente carnívoras, en general aquellas que habitan o habitaban cerca de los polos. Los Inuit, por ejemplo, o más cerca nuestro los Selknam de Tierra del Fuego. También, si lo pensamos, los primeros pobladores de América. América se pobló por pueblos asiáticos que cruzaron el Puente de Beringia hacia finales de la última glaciación, hace cerca de 13.000 años. Si tenemos en cuenta la latitud (el puente conectaba la actual Siberia con Alaska) y que en ese momento la temperatura media de la tierra era varios grados menor, lo más probable es que lo hayan hecho persiguiendo megafauna como mamuts lanudos, no cosechando melones salvajes. Si la carne no fuese realmente digerible, estos pueblos nunca hubiesen podido existir. Y existen, o existieron.

Otra manera de verificar que aquello que nos cuesta digerir no es la carne es mirar nuestras deposiciones. En general, lo que no puede asimilarse y no se mezcla con el resto de las heces son granos o legumbres como maíz, lentejas o porotos. ¿Por qué? Porque sus capas exteriores están compuestas de celulosa, que como ya vimos en el punto anterior no tenemos la capacidad de digerir.

6) “Somos primates, y todos los grandes simios son herbívoros”

Y mi suegra hace unos canelones que te morís. ¿Y?

475px-Gorilla_gorilla_gorilla_01El ser humano pertenece a la familia de los grandes simios, es verdad. Y dentro de los grandes simios hay herbívoros como los gorilas y orangutanes (aunque ambas especies consumen ocasionalmente insectos, y los orangutanes también se alimentan con miel y huevos de aves) y omívoros como los chimpancés y bonobos, cuya dieta es mayormente fruta pero puede incluir insectos, aves, huevos, incluso pequeños mamíferos.

Y nosotros… somos otra especie, con lo que todo lo anterior es irrelevante. Sí, compartimos el 99% de nuestro ADN con chimpancés y bonobos, y aproximadamente el 98% con los gorilas. También compartimos más del 70% con el ornitorrinco y no por eso tenemos pico ni ponemos huevos. Evolutivamente, nos separamos de chimpancés, bonobos y gorilas hace 8 a 4 millones de años. Plantear que porque nuestros “parientes” cercanos consumen mayormente alimentos vegetales nosotros también deberíamos hacerlo es como tratar de convencer a un oso polar que debería alimentarse a base de bambú como si fuera un oso panda.

Los gorilas, los más herbívoros de todos los grandes simios, están adaptados para esa dieta. Tienen barrigas enormes, que les permiten acumular materia vegetal para fermentar en el colon a través de la acción de bacterias… básicamente, el mismo mecanismo que mencionamos arriba con los conejos. Pasan casi todo el día comiendo (un gorila macho puede comer 20 kilos de comida por día), porque necesitan cantidades monstruosas de comida para obtener suficientes calorías para vivir.

Otro factor a tener en cuenta es el cerebro: es uno de los órganos que más calorías consume. Un gorila macho de 1,80m de alto y 180kg de peso tiene un cerebro considerablemente más chico que el de un ser humano adulto que pesa bastante menos. La realidad es que con su dieta ineficiente no podrían jamás alimentar un cerebro proporcionalmente comparable al humano.

O sea, mientras nosotros como especie lanzamos sondas robóticas al espacio para explorar otros planetas, este es el máximo logro en lanzamiento de nuestros primos chimpacés:

En definitiva, que los animales evolutivamente más cercanos al ser humano sean herbívoros o no, no tiene la menor incidencia en la dieta que nosotros debamos adoptar porque más allá de las similitudes somos anatómicamente muy distintos.

Conclusión

Creo que toqué la mayoría de los puntos que usualmente esgrimen los veganos para defender la idea de que el ser humano es naturalmente herbívoro. No tengo la menor duda de que somos omnívoros (y cazadores). Pero honestamente, todo el debate me resulta algo estéril. Una vaca no cuestiona si le conviene comer pasto o comer tallarines. Un león no tiene un dilema moral acerca de comer cebras, si tiene hambre se come una cebra y punto. El ser humano es el único animal que se pregunta estas cuestiones. No necesariamente está mal, pero es algo a tener en cuenta. Mi intención no es convencer a nadie de comerse un churrasco, creo que existen motivos más que válidos para una dieta vegetariana. Comé lo que te haga feliz, lo que te deje en paz con tu conciencia, lo que le haga bien a tu cuerpo. Pero por favor, no uses argumentos pseudocientíficos.
Crédito de fotos:

Destacada: Takver
Zorro Fueguino: del autor, año 2014
Lobo gris: Gunnar Ries
León: Aurelio Arias
Águila Calva: W. Lloyd McKenzie
Vaca: Ernst Vikne
Elefante: Mister-E
Loro: Psyberartist
Conejo: Lauri Rantala
Gorila: H. Zell

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